El cantautor colombiano Carlos Vivesha conquistado Canadá. Su concierto en toronto fue un éxito total, pero no sólo es un éxito para él, sino para la música latina en general. El triunfo de nuestros cantantes latinos en diversos paÃses son buena prueba del empuje y de la fuerza de nuestra música
“Hoy te daré una noche de versos y luceros como es la noche mÃa“, dice una de las canciones que interpreta Carlos Vives, y realmente eso fue lo que pasó en Toronto, pues en una noche llena de los poemas de la leyenda vallenata, del rock de mi pueblo, de la gaita de Maité, de las notas del acordeón de Egidio, de mucho son y de un público que se puso a los pies, este colombiano armó un tremendo “parrandâ€?“, en lo que hasta hace pocos dÃas era el templo del tenis mundial.
Carlos Vivesno sólo sorprendió cantó y encantó a todos los asistentes al Rexall Centre, sino que...
se entregó a su público sin mayores controles, en un desborde de sabor, ritmo y color, que enamoró a todos los asistentes al escenario deportivo, que se dejaron llevar a la “tierra del olvido�, en donde se baila y se goza, hasta que el sol amanezca y el cuerpo aguante.
Los latinos y canadienses, que se sumaron a la arrolladora asistencia de colombianos al concierto, realmente se habrÃan quedado hasta el amanecer sin mayores problemas escuchando y bailando melodÃa tras melodÃa, cada una de las canciones de este artista, pues aunque el show que entregó Carlos Vives a sus seguidores fue de más de dos horas, el tiempo se pasó volando, como se pasa en una buena rumba, con una buena pareja.
Realmente lo que sucedió el pasado viernes fue todo un romance entre el público y Carlos Vives, en donde a la media noche cada uno salió tan satisfecho del otro, que desde ya, quedó planteado el siguiente encuentro, la siguiente cita en esta ciudad, pues hasta el mismo artista quedó asombrado del público que a grito entero coreaba sus canciones y se dejaba llevar por lo mejor de su repertorio, desde los Clásicos de la Provincia, hasta las nuevas melodÃas de lo que ha llamado "El Rock de Mi Pueblo".
Y es que desde el comienzo del espectáculo todo marchó bien, el escenario definitivamente fue el indicado por la cercanÃa entre el artista y su público, el sonido no podÃa ser mejor, el orden del público al ingreso del Templo del Tenis de Canadá fue impecable y la organización dejó abiertas todas las puertas para que se pueden hacer las cosas bien y dándole la dignidad que se merecen tanto los artistas latinos como el público hispano que paga por un boleto a la diversión.
Miles de hispanos y canadienses llenaron los lugares del escenario deportivo, en donde se resaltaban los colores amarillo, azul y rojo de la bandera colombiana, pero en donde no se quedaron atrás los mexicanos, los argentinos, los centroamericanos, los ecuatorianos, los chilenos y hasta los portugueses, que ondearon su sÃmbolo patrio al ritmo de la música.
La magia de la gran rumba la marcaron los acordes de la salsa, la cumbia colombiana y hasta el reggaetón que se escuchaba como preámbulo y que pusieron a bailar al público que se encontraba en las tribunas y sobre la cancha de tenis, que esperaban con toda su energÃa puesta, el gran show del cantante colombiano.
En este punto de alegrÃa, ritmo y sabor, ingresó al escenario Rosita Stone, una cantante canadiense, que pese a su buena voz, las ganas que le puso y su música, no le llegó a la gente que querÃa seguir de rumba hasta que el artista que esperaban con ansia los llevara a la gloria.
Rosita Stone pasó sin pena ni gloria, pero otra cosa ocurrió cuando Carlos Vives puso su pie en el escenario, cargado de sÃmbolos colombianos, como el escudo, las flautas, maracas, los tambores y que asemejaban una casa campesina colombiana.
La canción del Rock de mi pueblo, marcó el inicio del tremendo “parrandón‿, le siguió 'Maleta de Sueños' y de ahà en adelante, la caja, la guacharaca, el acordeón, la baterÃa, los acordes de guitarras eléctricas y la voz de Carlos Vives nos llevaron a todos los asistentes a un recorrido mágico por el caribe, por Santa Marta, Barranquilla, Cartagena y todo el folklore colombiano, representando un sólo ritmo, el vallenato que se coló en las casas de toda la comunidad latina y ahora difÃcilmente podrá salir.
Pero aunque todo fue parranda, alegrÃa y mucho son, el cantante colombiano llenó de nostalgia a todos los asistentes al interpretar Alicia Dorada, una melodÃa que salió del alma, que la cantó como se canta originariamente el vallenato y que preparó especialmente para presentar en Toronto, para recordar a todas las vÃctimas de la tragedia en New Orleáns, ciudad que estaba prevista como parte de su tour en Norteamérica.
Después de este paso por la tristeza, lo que llegó después fue el desborde total, pues las viejas melodÃas que fueron los grandes éxitos de este artistas fueron escuchadas en el escenario deportivo, con tanta pasión, que hasta una de las asistentes no aguantó las ganas y saltando todos los cordones de seguridad, subió a la tarima para hacer lo que miles de mujeres estaban deseando en ese momento, bailar un vallenato con Carlos Vives.
Al mediar la noche, Carlos Vives después de entregar dos horas y media de concierto, dejó en el ambiente el grato sabor de un trabajo bien hecho, pues el publicó no se cansó de alabar la entrega del artista y el carisma que tiene para entregarse a sus seguidores.
El cantante colombiano demostró una vez más su calidad, como en muchos escenarios en el mundo, porque llega al alma de su público, pues a cada uno de los asistentes les dejó algo muy importante, el amor por su tierra, como dice unas de sus canciones: “Quiero que lleves en ti la vida mÃa. Quiero que te llenes del amor de mi tierra. Quiero que lleves en ti la vida mÃa. Que tengo prendida del amor de mi tierra...".
¡Arriba Carlos, eres un bombón!… ¿verdad chicas?


